LA IMPORTANCIA DE SANAR NUESTRA NIÑA INTERIOR

Muchos de los problemas que enfrentamos en la actualidad están relacionados con nuestra autoestima y aquellas vivencias y emociones que afectaron nuestros primeros años de vida.

Cada experiencia en nuestra infancia fue dando vida a nuestras creencias, a quienes somos, así como a nuestras barreras y corazas, y que son precisamente las que podrían estar (consciente o inconscientemente) manejando día a día nuestros comportamientos y reacciones.

Miedos, rabias, inseguridades, tristezas, desconfianzas, bloqueos o frustraciones podrían ser el resultado de episodios no resueltos de nuestra infancia.

Es cierto que a nadie le gusta experimentar dolor, sin embargo de adultos en ocasiones necesitamos ir atrás y conectar con nuestro niño interior y aquellas experiencias que nos obligaron a bloquear nuestras verdaderas emociones y ponernos un escudo protector, para así sanar y poder re-conectar con esa versión auténtica, entusiasta, lúdica e inocente que fuimos dejando atrás.

Si bien a veces el proceso de botar lo que se ha estancado durante muchos años pueda resultar difícil de manejar, debes tener en cuenta que para eso están las flores y tu terapeuta floral.

Lo importante es no tener miedo a tus emociones, más bien aprender a observarlas, escucharlas, tenerles paciencia y abrazarlas, de la misma forma que todos de niños quisiéramos habernos sentido contenidos.

CUADERNO Y LAPIZ

En el proceso de sanación de nuestras emociones y autoestima siempre es recomendable tener un cuaderno a mano e ir escribiendo todo lo que vamos sintiendo, esto nos ayudará a soltar lo que internamente está incomodando, darle una nueva mirada a los hechos, ayudarnos a tomar conciencia de dónde provienen nuestras reacciones y comportamientos, así como a aprender de nosotras mismas y crecer através de nuestras propias emociones y sentimientos.

Cada vez que hayan emociones que te este costando manejar toma unos minutos para parar, sentir tu cuerpo, observar dónde sientes aquella emoción, qué fue lo que la gatilló y con qué herida te conectó. Imagínate de pequeña y pregúntale a ella cómo está o qué siente y, sin juicios, escucha lo que tenga para decir. Dale su tiempo y su espacio, y si te pide un abrazo intenta regalarselo.

Poco a poco ve volviendo a ti, lávate la cara, toma un vaso de agua y disponte a continuar con tu rutina normal. Verás que con el paso del tiempo tus heridas irán tomando un nuevo sentido y en la medida que nos vamos permitiendo soltar aquellas emociones estancadas, el proceso de sanar se hace cada vez más llevadero.

Recuerda que la tristeza es una emoción positiva y que, en su justa medida, aporta en nuestro proceso de desarrollo y crecimiento.

Y si sientes que no puedes sola en este proceso evalúa la alternativa de buscar ayuda profesional.

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