EL CAMINO DEL AMOR PROPIO NO SIEMPRE SE SIENTE BIEN

Lo siento, pero mi deber no es ilusionarte, sino más bien contarte que sanar nuestra autoestima no es un trayecto donde todo es color de rosa, sino más bien un proceso que requiere trabajo, perseverancia y valentía.

Creer que amor propio implica simplemente cuidarnos, poner límites y priorizarnos es, a penas, una parte de lo que significa amar cada pedacito de nosotras mismas.

Para querernos primero tenemos que conocernos, mirar hacia dentro para identificar todo lo que está impidiendo tener un mejor trato interno.

En ese proceso vamos encontrándonos con nuestra sombra, aquellos aspectos, vivencias o emociones que evadimos y reprimimos. Vamos descubriendo en nuestra historia aquellos episodios que nos alejaron de nuestra autoestima y de donde provienen determinadas creencias que dan vida a nuestro diálogo y trato interno.

En ese proceso vamos cambiando nuestra forma de elegir, pensar, decidir o actuar. Hay cosas que van quedando atrás y otras que comienzan a llegar y esos cambios no siempre son fáciles de gestionar.

Porque trabajar en nuestro amor propio significa abrirnos a lo incierto, a romper patrones, cuestionar nuestros valores y salir de nuestra zona de confort, y eso se hace mirando de frente nuestros miedos.

Y no es que quiera desilusionarte sino mostrarte que trabajar en una misma es un camino diario, un proceso con múltiples desafíos, pero que al mismo tiempo nos regala la satisfacción diaria de conocernos, respetarnos, superarnos, querernos, cuidarnos, entendernos y sanarnos, ayudándonos a mejorar la forma en que nos desenvolvemos y desarrollamos, tanto a nivel personal, así como con los demás.

Por eso es tan importante el compromiso que tengas contigo misma en este camino de autoconocimiento y desarrollo personal, además del vínculo, apoyo y guía que pueda entregarte tu terapeuta floral.

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12 CONSEJOS PARA EL 2023

Cuando finaliza un año muchas veces queremos dejar algunas experiencias atrás y proyectamos toda nuestra energía y esperanza en el nuevo ciclo que pronto iniciará.

Para muchas personas es habitual realizar diversos rituales los últimos días de diciembre o los primeros días del año siguiente. Uno de estos rituales es la popular costumbre de comer 12 uvas mientras se espera medianoche. Cada una de las uvas representa un mes del año y se cree que traerá prosperidad y buena suerte.

Pero ¿será que tenemos que dejar todo lo que esperamos de un año a la buena fortuna? Pues yo te comparto un consejo por cada mes del año con el que podrás ir, desde tus propios recursos y conciencia, encontrándote contigo misma, tu salud, bienestar y tranquilidad mental.

12 CONSEJOS PARA ESTE NUEVO AÑO:

1- Metas claras y realistas: proponernos objetivos claros hará que cada acción y decisión que tomemos este guiada hacia nuestros propósitos y sueños. Proponte metas a largo, mediano y corto plazo, así día tras día podrás ir materializando y disfrutando de tus logros, además de ir visualizando cada vez más cerca tu meta.

2- Dejar lo que nos hace daño: aléjate de personas, lugares, pensamientos o creencias que te hagan daño. Si ya diste lo mejor de ti y no ves cambios, lo mejor es elegir tu paz mental y cortar por lo sano.

3- Soltar los miedos e ir por lo que queremos: salir de nuestra zona de confort a todos nos da miedo, pero lo cierto es que muchas veces ese lugar nos termina enfermando, deprimiendo, amargando y/o estancando. Enfrentar nuestros miedos es primordial para nuestro desarrollo y crecimiento.

4- Aceptar cada una de nuestras emociones: evadir o bloquear nuestras emociones no hará que ellas desaparezcan, muy por el contrario. Aceptar, escuchar y dar el espacio adecuado a cada una de nuestras emociones es lo más sano. Recuerda que la rabia, tristeza y miedo son tan validas como la alegría, placer y felicidad. No temas a aquellas emociones que conoces como negativas, ellas así como la felicidad, también son pasajeras.

5- Deja de compararte y empieza a inspirarte: la comparación genera juicios y creencias negativas sobre nosotras mismas, por el contrario, cuando valoramos de forma positiva algo de otras personas nos está diciendo que así nos gustaría ser. Inspirarte te dará las pistas de qué es lo que tienes que fortalecer y desarrollar en ti misma para evolucionar y crecer.

6- Cambia los ¿por qué a mí? por ¿para qué a mí?: «por qué a mí» es una frase que nos estanca y nos pone en el papel de víctima, dificultando ver las posibles soluciones frente a un problema, además de quedarnos atrapadas en la queja. Cuando modificamos nuestro pensamiento para entender las cosas desde el «para qué a mí», podemos descubrir el propósito de aquellas experiencias difíciles o dolorosas, ellas muchas veces son el empujón que necesitamos para ir por nuestras metas y propósitos.

7- Dejar de buscar fuera lo que necesitas encontrar primero en ti: tenemos la creencia de que un día seremos felices, cuando tengamos el trabajo soñado, una casa donde establecernos o una pareja con quien compartir, pero cuando eso sucede muchas veces los vacíos siguen ahí. Trabajar en nuestras carencias y vacíos internos es fundamental para entender lo que significa la plenitud, paz y felicidad.

8- Deja de culpar el mundo y cambia lo que depende de ti: aunque la vida tiene muchas cosas que podrían cambiar, la mayoría no dependen de ti, sin embargo, cuando hablamos de nuestra propia vida somos las responsables de transformar nuestra realidad. Cuando tomamos conciencia que el mundo y nuestras relaciones se construyen de forma conjunta, podemos entender que los cambios no sólo dependen de los demás, por lo demás quedarnos esperando que otros cambien sólo nos perjudica, frustra, entristece o amarga a nosotras mismas.

9- Respétate, cuídate y comienza a poner límites: olvidarnos de nuestras necesidades por la dificultad de decir «NO», nos aleja de nosotras mismas y nos llena de responsabilidades, estrés, amargura, apatía, cansancio y/o frustración. Establecer límites es fundamental para nuestro bienestar, salud y desarrollo personal.

10- Disfruta más y preocúpate menos de buscar la aceptación de los demás los demás: hagas lo que hagas te van a criticar, por eso suelta las críticas y juicios externos y preocúpate de buscar el camino que a TI te haga feliz.

11- Vive el momento presente valorando lo que eres y tienes: vivir en el pasado genera culpa, frustración, tristeza y arrepentimiento. Vivir en el futuro: ansiedad, estrés, miedo y preocupación. Es por eso la importancia de saber valorar lo único que realmente tenemos: el famoso aquí y ahora.

12- Y si sientes que la vida te la gana no dudes en buscar terapia: trabajar en tu autoconocimiento te ayuda a reconocer tus propias herramientas y cuando debemos estar en alerta para pedir ayuda profesional. Cuando sientas que una emoción o situación se mantiene en el tiempo no dudes en contactar a quien te pueda apoyar en tus procesos. Recuerda que la terapia floral es medicina preventiva y no necesitas esperar a llegar al límite para tomar flores de Bach. Ellas no son sólo remedios, son autoconocimiento.

¡Y recuerda!: si quieres trabajar de forma profunda en ti puedes tomar tu PLAN AMOR PROPIO. Si necesitas más información o quieres contarme un poco sobre tu situación no dudes en contactarme.

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¿SON LAS FLORES DE BACH REMEDIOS MILAGROSOS?

Muchas de las personas que conocen el efecto de las flores de Bach usan la palabra «MÁGICAS» para definir cómo se sienten luego de haberlas tomado. Sin embargo, es bueno aclarar que las esencias florales no son remedios milagrosos que curarán todos nuestros “males”, y menos, con un sólo frasquito o una sesión de terapia floral.

Es importante integrar la idea de que las dificultades, imprevistos y desafíos son parte inevitable de la experiencia humana y lo que nos impulsa a generar los cambios, aprendizajes y crecimiento que necesitamos.

Cuando nos cuenta aceptar esta idea y nos resistimos a esos movimientos, es cuando se produce el dolor y sufrimiento.

Lo que hacemos a través de la terapia floral y con el uso de las flores de Bach es aliviar aquellas emociones, para luego aprender a gestionar a nuestro favor lo que, a lo largo de la vida, nos va sucediendo.

Si bien las flores de Bach nos ayudan a resolver muchos síntomas o problemas puntuales con un sólo preparado floral, no serán quienes resuelvan nuestra forma de ver la vida en una, dos o tres sesiones.

Un proceso terapéutico con flores de Bach es algo que requiere tiempo, es un espacio el que profundizamos en quienes somos para así, entender, aceptar y transformar nuestra historia y aquellos traumas, heridas, bloqueos o patrones que podrían estar limitando nuestro desarrollo, salud y bienestar.

Las flores de Bach no sólo ayudan a aliviar esas emociones que más nos cuesta sobrellevar, ellas nos enseñan también a ver las cosas desde una perspectiva más amplia y profunda, a modificar la forma en que enfrentamos los desafíos de la vida, aceptándolos y entendiéndolos como la fuerza que a diario nos guía y empuja hacia nuestro propósito de vida y crecimiento personal.

Es por eso que la próxima vez que suceda algo que te genere sufrimiento, tómate algunos minutos e intenta reflexionar y analizar qué es lo que esta experiencia te viene a enseñar.

Y si el dolor permanece en el tiempo, no dudes en escribirme y agendar una sesión de terapia floral.

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¿TE CUESTA EXPRESAR TUS EMOCIONES?

Una de las cosas que más nos enferma a nivel físico y mental es guardar, evadir, reprimir o bloquear nuestras emociones.

La rabia, miedo o tristeza que no hemos sabido gestionar de forma adecuada, no desaparece aunque así lo parezca. Ellas quedan alojadas en nuestro interior (muchas veces en nuestro inconciente) hasta que nuestro cuerpo y mente no las pueden sotener más, haciéndonos un llamado de atención a través de:

  • Problemas a nivel digestivo
  • Enfermedades cardiovasculares
  • Ansiedad
  • Dolores de cabeza
  • Temas asociados a garganta
  • Rigidez corporal
  • Déficit atencional
  • Insomnio
  • Estrés
  • Depresión, entre otras cosas más.

EXPERIENCIAS TRAUMÁTICAS

Muchas veces la dificultad que tenemos para expresar nuestras emociones proviene de experiencias que bloquearon nuestra capacidad de comunicar y mostrarnos con autenticidad. Situaciones en las que pudimos habernos sentido juzgadas, rechazadas, reprimidas o no escuchadas al intentar comunicar lo que nos pasaba.

Automáticamente nuestra mente busca los recursos para protegerse de esto, ya que la respuesta del entorno nos conecta con nuestros mayores miedos:

  • Miedo al rechazo
  • Miedo al abandono
  • Miedo a la soledad

Miedos que en la actualidad podrían estar impidendo nos mostremos tal cual somos y validemos nuestras emociones.

TERAPIA FLORAL

Es por eso que en terapia no sólo trabajamos en la capacidad de decir lo que pensamos, sino también en los miedos que impiden que lo hagamos.

Aquí te comparto algunas flores que podrían ayudar:

Agrimony: para quienes esconden sus problemas bajo una apariencia de tranquilidad y felicidad, cuando internamente existe angustia y sufrimiento que se vive como tortura mental. Esta flor ayuda a aliviar el miedo al conflicto y al rechazo que impide expresarnos con sinceridad. Nos aporta la paz interna que necesitamos para poder comunicarnos.

Holly: ayuda a aliviar sentimientos como la rabia y odio. Cuando la cólera nos invade puede ser una emoción muy dañina, por lo que muchas veces terminamos por reprimir lo que nos está pasando por no saber cómo gestionarlo. Holly nos ayuda a aliviar estos sentimientos y así poder comunicarnos mejor.

Centaury: para quienes tienen dificultad para poner límites y decir “no” a los demás. Nos ayuda a priorizar nuestras necesidades, que cuando las hemos reprimimos por la dificultad de comunicarlas, nos terminamos frustrando, enojando, deprimiendo o enfermando.

Pine: para quienes dejan de comunicarse por el sentimiento de culpa que surge antes o después de expresar.

Caléndula: para personas que tienen una forma de expresarse hiriente, irónica y dura. Esta flor aporta calidez, empatía, amabilidad y receptividad a la comunicación.

Cerato: para quienes dudan de si mismos dejando de confiar en su opinión. Nos ayuda a validar nuestro criterio, aportandonos sabiduría y claridad para expresar nuestra opinión.

Mimulus: para quienes tienen dificultad de mostrarse por timidez e introversión. Nos aporta la valentía necesaria para expresar y comunicarnos con seguridad.

Rock Rose: para quienes sienten pánico o terror de expresar sus sentimientos u opinión probablemente proveniente de experiencias traumáticas. Ayuda a quienes sienten un miedo muy grande al conflicto.

Aprender a expresar es necesario para nuestro bienestar, salud y desarrollo personal, pero recuerda que todo se trata de equilibrio, y que para cuidar de nosotros mismos también es necesario tomar conciencia de que, lo que tengamos para decir sea transmitido con amor y no para herir o dañar a los demás.

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APATÍA V/S ALEGRÍA

A nadie le gusta sentirse desmotivado, sin energía o ápatico, sin embargo a veces necesitamos pasar por esos estados para observarnos, conocernos y comprendernos mejor.

Cada una de nuestras emociones cumple un rol y todas ellas existen PARA ALGO.

La apatía, desinterés o desmotivación nos permite hacer un alto y observar dónde, porqué y cómo estamos en nuestra vida y así buscar la forma de generar los cambios que necesitamos para crecer, evolucionar y desarrollarnos.

Cuando aprendemos a escuchar y entender nuestras emociones ellas cumplirán su misión, por el contrario, si las evadimos, reprimimos o bloqueamos ellas podrían crecer hasta salirse de control, y es ahí cuando nos conectamos con ellas desde la dificultad de gestionarlas, nos sobrepasan y generan mucho temor.

El miedo a quedarnos atrapados en un estado emocional genera lucha y resistencia, lo que podría incrementar la emoción.

Más que pelear con lo que estemos sintiendo es importante entender que todas las emociones son pasajeras y que podemos aprender a utilizarlas a nuestro favor.

QUIZÁ TE PODRÍA AYUDAR…

Aceptar lo que te este pasando y reflexionar haciéndote preguntas tales como:

  • ¿Desde cuándo te sientes así?
  • ¿Qué podría haber gatillado este estado emocional?
  • ¿De qué forma sientes podrías comenzar a modificarlo?

Tómate tu tiempo y trátate con cariño en el proceso. Y si te cuesta salir con tus propios medios de un estado emocional y este permanece en el tiempo, estará indicando que lo mejor es pedir ayuda profesional.

TERAPIA FLORAL

En la terapia floral existen una gran variedad de flores que nos ayudan a estimular nuestra energía y ánimo, sin embargo Wild Rose es una flor que siempre debieramos tener a mano para ayudarnos a salir de la apatía, resignación y/o desmotivación. Ella nos aporta iniciativa, entusiasmo, interés, chispa y motivación. Ayudándonos a re-conectar con el placer y alegría que necesitamos para disfrutar nuestra vida.

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AMOR PROPIO V/S EXIGENCIA

Cuando hablamos de autoestima y amor propio automáticamente lo asociamos a palabras como: Empoderamiento, yo puedo, soy capaz y frases del estilo que sin darnos cuenta nos podrían hacer caer en la autoexigencia.

Si bien el amor propio nos invita a fortalecer nuestra autoconfianza e ir tras nuestros objetivos y sueños, es también un proceso de autoconocimiento en el que aprendemos a observar y mejorar nuestro trato interno.

Cuando idealizamos el camino del amor propio pensando que tiene una sola forma de ser o que debemos lograrlo en un determinado tiempo, podríamos terminar por sentirnos mal con nosotras mismas, reprocharnos, frustrarnos o desilusionarnos cuando vemos que hay algo que no estamos alcanzando.

De esta forma nos olvidamos de lo más importante: tratarnos con AMOR Y AUTOCUIDADO.

Nos olvidamos de nosotras mismas enfocándonos sólo en el resultado, cayendo en un círculo de emociones que, en vez de hacernos sentir bien podrían hacernos más daño.

Cuando trabajamos nuestra autoestima en la terapia floral esto es un aspecto del que nos hacemos cargo y que siempre estamos observando. Trabajar en nuestro trato interno, nuestros pensamientos y juicios es clave en el proceso terapéutico.

Al final de cuentas amor propio es aceptarnos, escucharnos, tenernos paciencia, ser compasivas con nosogtras mismas, descansar, respetarnos, pedir ayuda cuando la necesitamos, darnos amor y cuidarnos a diario, independiente de las circunstancias que vivamos.

Porque no se trata de seguir un patrón que nos diga cuál es la manera correcta de amarnos y que termine haciéndonos sentir insatisfechas o agobiándonos, sino de sanar, soltar y disfrutar de ir pasito a pasito encontrando la manera personal de sentirnos en paz con nosotras mismas

Lo importante es intentar encontrar el equilibrio entre la autoexigencia y el amor propio, y que sepamos que darnos amor no una meta que se logra en un día, un mes o un año, sino algo que hacemos cada uno de nuestros días.

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LA IMPORTANCIA DE SANAR NUESTRA NIÑA INTERIOR

Muchos de los problemas que enfrentamos en la actualidad están relacionados con nuestra autoestima y aquellas vivencias y emociones que afectaron nuestros primeros años de vida.

Cada experiencia en nuestra infancia fue dando vida a nuestras creencias, a quienes somos, así como a nuestras barreras y corazas, y que son precisamente las que podrían estar (consciente o inconscientemente) manejando día a día nuestros comportamientos y reacciones.

Miedos, rabias, inseguridades, tristezas, desconfianzas, bloqueos o frustraciones podrían ser el resultado de episodios no resueltos de nuestra infancia.

Es cierto que a nadie le gusta experimentar dolor, sin embargo de adultos en ocasiones necesitamos ir atrás y conectar con nuestro niño interior y aquellas experiencias que nos obligaron a bloquear nuestras verdaderas emociones y ponernos un escudo protector, para así sanar y poder re-conectar con esa versión auténtica, entusiasta, lúdica e inocente que fuimos dejando atrás.

Si bien a veces el proceso de botar lo que se ha estancado durante muchos años pueda resultar difícil de manejar, debes tener en cuenta que para eso están las flores y tu terapeuta floral.

Lo importante es no tener miedo a tus emociones, más bien aprender a observarlas, escucharlas, tenerles paciencia y abrazarlas, de la misma forma que todos de niños quisiéramos habernos sentido contenidos.

CUADERNO Y LAPIZ

En el proceso de sanación de nuestras emociones y autoestima siempre es recomendable tener un cuaderno a mano e ir escribiendo todo lo que vamos sintiendo, esto nos ayudará a soltar lo que internamente está incomodando, darle una nueva mirada a los hechos, ayudarnos a tomar conciencia de dónde provienen nuestras reacciones y comportamientos, así como a aprender de nosotras mismas y crecer através de nuestras propias emociones y sentimientos.

Cada vez que hayan emociones que te este costando manejar toma unos minutos para parar, sentir tu cuerpo, observar dónde sientes aquella emoción, qué fue lo que la gatilló y con qué herida te conectó. Imagínate de pequeña y pregúntale a ella cómo está o qué siente y, sin juicios, escucha lo que tenga para decir. Dale su tiempo y su espacio, y si te pide un abrazo intenta regalarselo.

Poco a poco ve volviendo a ti, lávate la cara, toma un vaso de agua y disponte a continuar con tu rutina normal. Verás que con el paso del tiempo tus heridas irán tomando un nuevo sentido y en la medida que nos vamos permitiendo soltar aquellas emociones estancadas, el proceso de sanar se hace cada vez más llevadero.

Recuerda que la tristeza es una emoción positiva y que, en su justa medida, aporta en nuestro proceso de desarrollo y crecimiento.

Y si sientes que no puedes sola en este proceso evalúa la alternativa de buscar ayuda profesional.

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ME ENAMORÉ (OTRA VEZ)

El amor es una de las cosas que, a pesar del sufrimiento que podamos haber experimentado, volvemos una y otra vez a buscarlo y eso NO ESTA MAL, es simplemente nuestra naturaleza humana.

Lo importante es aprender a identificar si detrás de esa frecuencia de enamoramiento se escondiera:

  • Miedo a estar sola
  • Dependencia emocional
  • Carencias afectivas
  • Inmadurez emocional
  • Baja autoestima
  • Adicción al enamoramiento
  • Idealización de la realidad

💟Es importante saber que cada proceso es muy personal y por más que tu psicóloga, terapeuta, familia o amigas te hagan ver lo que tu no estas viendo, son las mismas experiencias de vida las que nos van enseñando a abrir los ojos.

⚠️La clave es no quedarnos pegadas e ir aprendiendo de nuestras experiencias, fortalecer la relación con nosotras mismas y así evitarnos las constantes desilusiones y frustraciones⚠️

Pasito a pasito y a nuestro ritmo vamos aprendiendo a ir más lento, con los ojos bien abiertos, dejando las expectativas de lado y aprendiendo a disfrutar del proceso

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¿DÓNDE ESTÁN LAS MONEDAS? Un cuento de Joan Garriga Bacardí

Una noche cualquiera de un tiempo cualquiera, una persona tuvo un sueño especial: soñó que recibía unas cuantas monedas de manos de sus padres. No sabemos si eran muchas o pocas, si eran miles, cientos, una docena o apenas un par. Tampoco sabemos de qué metal estaban hechas, si eran de oro, plata, bronce o tal vez de simple hierro.

Mientras soñaba que sus padres le entregaban las monedas, sintió espontáneamente una sensación de calor en su pecho. Quedó invadida por un gran alborozo. Estaba contenta, se llenó de ternura y durmió plácidamente el resto de la noche.

Cuando despertó a la mañana siguiente, la sensación de placidez y satisfacción persistía. Entonces, decidió caminar hacia la casa de sus padres. Y, cuando llegó, mirándolos a los ojos les dijo:

-Esta noche habéis venido en sueños y habéis depositado unas cuantas monedas en mis manos. No recuerdo si eran muchas o pocas. Tampoco sé de qué metal estaban hechas, si eran de un metal precioso o no. Pero no importa, porque me siento pleno y contento. Y vengo a deciros: Gracias, son suficientes. Son las monedas que necesito y las que merezco. Así que las tomo con gusto porque vienen de vosotros. Con ellas seré capaz de recorrer mi propio camino.

Al oír esto, los padres, que como todos los padres se engrandecen a través del reconocimiento de sus hijos, se sintieron aún más grandes y generosos. En su interior sintieron que podían seguir dando a su hijo, porque la capacidad de recibir amplifica la grandeza y el deseo de dar.

Así dijeron:

-Eres un buen hijo. Puedes quedarte con todas las monedas, puesto que te pertenecen. Puedes gastarlas como quieras y no es necesario que nos las devuelvas. Son tu legado, único y personal. Son para ti.

Entonces el hijo se sintió también grande y pleno. Se percibió completo y rico, y pudo dejar en paz la casa de sus padres. A medida que se alejaba, sus pies se apoyaban firmes sobre la tierra, y andaba con fuerza. Su cuerpo también estaba bien asentado en el suelo, y ante sus ojos se abría un camino claro y un horizonte esperanzador.

Mientras recorría el camino de la vida, se fue encontrando con distintas personas. Le acompañaban durante un trecho, a veces más largo, a veces más corto. Algunos le acompañaron durante toda la vida. Eran sus socios, amigos, parejas, vecinos, compañeros, colaboradores, e incluso sus adversarios. En general, el camino le resultaba sereno, gozoso, en sintonía con su espíritu y su naturaleza personal. Y aunque no estaba exento de los pesares naturales que la vida impone, lo sentía como el camino de su vida.

De vez en cuando volvía la vista atrás, hacia sus padres, y recordaba con gratitud las monedas recibidas. Y cuando observaba el transcurso de su vida o miraba a sus hijos o recordaba todo lo conseguido en el ámbito personal, familiar, profesional, social o espiritual, aparecía la imagen de sus padres y se daba cuenta de que todo aquello había sido posible gracias a lo recibido de ellos, y que con su éxito y logros les honraba.

Se decía a sí mismo: “No hay mejor fertilizante que los propios orígenes”, y entonces su pecho volvía a llenarse con la misma sensación expansiva que le había embargado la noche que soñó que recibía las monedas.

Otra noche cualquiera de otro tiempo cualquiera, otra persona tuvo el mismo sueño, ya que tarde o temprano todos llegamos a tener ese sueño. Venían sus padres y depositaban en sus manos unas cuantas monedas. En este caso tampoco sabemos si eran muchas o pocas, si eran miles, unos cientos, una docena o apenas un par. No sabemos de qué metal estaban hechas, si de oro, plata, bronce o simple hierro…

Al soñar que recibía en sus manos las monedas de sus padres, la persona sintió espontáneamente un pellizco de incomodidad. Quedó invadida por una agria inquietud, por una sensación de tormento en el pecho y un lacerante malestar. Durmió lo que quedaba de noche revolviéndose encrespada entre las sábanas.

Al despertar, aún agitada, sintió un fastidio que parecía enojo, pero que también tenía algo de queja y resentimiento. Su cara era el rostro del sufrimiento y de la disconformidad. Con furia y un ligero tinte de vergüenza, decidió caminar hacia la casa de sus padres. Al llegar allí, mirándolos de soslayo les dijo:

-Esta noche habéis venido en sueños y me habéis entregado unas cuantas monedas. No sé si eran muchas o pocas. Tampoco sé de qué metal estaban hechas, si eran de un metal precioso o no. No importa, porque me siento vacío, lastimado y herido. Vengo a deciros que vuestras monedas no son buenas ni suficientes. No son las monedas que necesito ni son las que merezco ni las que me corresponden. Así que no las quiero y no las tomo, aunque procedan de vosotros y me lleguen a través vuestro. Con ellas mi camino sería demasiado pesado o demasiado triste y no lograría ir lejos. Andaré sin vuestras monedas.

Y los padres, que como todos los padres empequeñecen y sufren cuando no tienen el reconocimiento de sus hijos, se hicieron aún más pequeños. Se retiraron, disminuidos y tristes, al interior de la casa. Con desazón y congoja comprendieron que podían dar todavía menos de lo que habían dado a aquel hijo, porque ante la dificultad para tomar y recibir, la grandeza y el deseo de dar se hacen pequeños y languidecen. Guardaron silencio confiando en que, con el paso del tiempo y la sabiduría que trae consigo la vida, quizá se llegaran a enderezar los rumbos fallidos del hijo.

Es extraño lo que ocurrió a continuación. Después de pronunciar aquellas palabras ante los padres, el hijo se sintió impetuosamente fuerte, más fuerte que nunca. Se trataba de una fuerza extraordinaria: la fuerza feroz, empecinada y hercúlea que surge de la oposición a los hechos y a las personas. No era una fuerza genuina, como la que resulta del asentimiento a los hechos y está en consonancia con los avatares de la vida, pero sí era una fuerza apasionada e intensa. Era la clase de fuerza que configura el paisaje del sufrimiento humano, aquella en que las personas tratamos de apoyarnos cuando carecemos del coraje y de la humildad suficiente para aceptar la realidad tal como es y a nuestros padres tal como son. La falsa fuerza que nos concede la oposición a las cosas, el resentimiento hacia las personas y el victimismo frente a los hechos vividos.

Con el tiempo, esta persona aprendería que ningún sufrimiento concede derechos, ninguna postura existencial edificada sobre heridas concede merecimientos y que el único sentido de este sufrimiento, que no es dolor, es hacer sufrir a los demás, ya que únicamente el dolor genuino despierta la compasión. Pero aquel día, la persona abandonó la casa de los padres diciéndose a sí misma:

-Nunca más.

Se sentía fuerte pero también vacía y necesitada. Aunque lo deseaba no lograba quedarse en paz.

A medida que se alejaba de la casa de sus padres, sintió que sus pies se elevaban unos centímetros por encima de la tierra y que su cuerpo, un tanto flotante, no podía caer en su peso real. Y sintió algo más sorprendente aún: cada vez que abría los ojos parecía que miraba lo mismo, un horizonte fijo y estático.

La persona fue desarrollando una sensibilidad especial. Así, cuando encontraba a alguien a lo largo de su camino, lo contemplaba con una enorme esperanza y de manera inconsciente se preguntaba:

-¿Será esta persona la que tiene las monedas que merezco, necesito y me corresponden, las monedas que no tomé de mis padres porque no supieron dármelas de la manera justa y conveniente? ¿Será esta la persona que tiene aquello que merezco?

En cierta ocasión la respuesta fue afirmativa, y todo resultó fantástico. Se enamoró y sintió que todo a su alrededor era maravilloso. Y, sin darse cuenta, empezó a esperar que el otro tuviera aquello que no había tomado de sus padres y se lo diera.

No obstante, aunque la esperanza de encontrar las monedas le resultó embriagadora al principio, cuando el enamoramiento acabó convirtiéndose en una relación y la relación duró lo suficiente, la persona descubrió que el otro no tenía lo que le faltaba, es decir, aquellas monedas que no había tomado de sus padres.

-¡Qué pena! Se dijo entonces, y se quejó amargamente de su mala suerte, culpando de ella al destino.

Se sintió desengañada, sometida a un tormento emocional que tomó forma de desesperación, desazón, crisis, turbulencia, enfado, frustración. Y es que, aunque todavía no lo sabía, el otro sólo podía darle aquello que tenía y le correspondía por su posición, aun queriéndolo dar todo y amando plenamente, pues una pareja es una relación entre adultos, fundada en la igualdad de rango, el intercambio equilibrado y la sexualidad.

En cierto momento de su vida, esta persona tuvo un hijo, y su desazón se volvió más dulce y esperanzadora, más atemperada.

Entonces, la pregunta regresó:

-¿Será este hijo que espero, tan bien amado, quien tiene las monedas que merezco, que necesito y me corresponden y que no tomé de mis padres porque no supieron dármelas de la manera justa y conveniente? ¿Será este ser el que tiene aquello que merezco?

Cuando se contestó de nuevo que sí fue maravilloso, formidable, y empezó a sentir un vínculo especial con aquel hijo, un vínculo asombroso, muy estrecho, lleno de expectativas y anhelos. De manera inconsciente, la persona estaba convencida de que el hijo tenía las monedas que necesitaba y no tardaría en dárselas.

Pero pasó el tiempo, y el hijo, como la mayoría de los hijos, deseó tener una vida propia y poner en práctica sus propósitos de vida independientes. Amaba a sus padres y deseaba hacer lo mejor para ellos, pero la presión de tener vida propia le resultaba exigente, imperiosa y tan arrolladora como la sexualidad.

Así, la persona comprendió un día que tampoco el hijo tenía las monedas que necesitaba, merecía y le correspondían.

Sintiéndose más vacía, huérfana y desorientada que nunca, entró en crisis. Enfermó. Estaba en la fase media de la vida y se encontró con que ningún argumento la sostenía ya, ninguna razón la calmaba. Sintió en su interior un catacrac y gritó:

-¡AYUDA!

¡Había tanta urgencia en su tono de voz! ¡Su rostro estaba tan desencajado! Nada la calmaba, nada podía sostenerla.

Y ¿qué hizo?

Fue a ver a un terapeuta.

El terapeuta la recibió pronto, la miró profunda y pausadamente y le dijo:

-Yo no tengo las monedas.

El terapeuta vio en sus ojos que aquella persona seguía buscando las monedas en el lugar equivocado y que, en el fondo, deseaba equivocarse de nuevo. Sabía que las personas quieren cambiar, pero también que les cuesta dar su brazo a torcer, no tanto por dignidad, sino por tozudez y por costumbre.

Pero el terapeuta, que sabía que no tenía en sus manos las monedas, pensó: “Amo y respeto mejor a mis pacientes cuando también puedo hacerlo con sus padres y con su realidad tal como es. Los ayudo cuando soy amigo de las monedas que les tocan, sean las que sean”.

En realidad, aquel terapeuta ya había visto a muchas personas en situaciones similares y sabía que el paciente, y el niño que sigue viviendo en su interior, continúa amando profundamente a sus padres y les guarda lealtad, aunque el escozor de las heridas u otras causas le impidan tomar sus monedas. Y es que, en las profundidades del alma, aunque el hijo rechace a sus padres, también se identifica con ellos. Y, cuando no puede tomarlos y quererlos, tampoco logra quererse a sí mismo. Por eso, su enfoque es el amor a todo y a todos.

En aquella primera visita, el terapeuta añadió: “Yo no tengo las monedas, pero sé dónde están y podemos trabajar juntos para que también tú descubras dónde están, cómo ir hacia ellas y tomarlas”.

Entonces el terapeuta trabajó con la persona y le enseñó que durante muchos años había tenido un problema de visión, un problema óptico, un problema de perspectiva. Había tenido dificultades para ver claramente. Sólo eso.

El terapeuta le ayudó a reenfocar y a modular su mirada, a percibir la realidad de otra manera, desde una perspectiva más clara, más centrada y más abierta a los propósitos de la vida. Una manera menos dependiente de los deseos personales del pequeño yo que siempre trata de gobernarnos.

Un día, mientras esperaba a su paciente, el terapeuta pensó que había llegado el momento de decirle, por fin y claramente, dónde estaban las monedas. Y ese mismo día, como por arte de birlibirloque, llegó el paciente con otro color de piel. Las facciones de su rostro se habían suavizado. Y dijo:

-Sé donde están las monedas. Siguen con mis padres.

Primero sollozó, luego lloró abiertamente. Después surgió el alivio, la paz y la sensación de calor en el pecho. ¡Por fin!

Entonces se dirigió de nuevo, como años atrás, hacia la casa de sus padres. Cuando llegó, los miró a los ojos y les dijo:

-Durante todos estos años he tenido un problema de visión, un asunto óptico. No veía claramente. Y lo siento. Ahora puedo ver y vengo a deciros que aquellas monedas que recibí de vosotros en sueños son las mejores monedas posibles para mí. Son suficientes y son las monedas que me corresponden. Son las monedas que merezco y las adecuadas para que pueda seguir. Vengo a daros las gracias. Las tomo con gusto, porque vienen de vosotros y con ellas puedo seguir andando mi propio camino.

Entonces los padres, que como todos los padres se engrandecen a través del reconocimiento de sus hijos, volvieron a florecer, y el amor y la generosidad fluyeron de nuevo en ellos con facilidad. El hijo volvía a ser plenamente hijo porque podía tomarlos.

Los padres le miraron sonrientes, con ternura, y contestaron:

-Eres un buen hijo. Puedes quedarte con todas las monedas, pues te pertenecen. Puedes gastarlas como tú quieras y no es necesario que nos las devuelvas. Son tu legado, único y personal, para ti. Puedes tener una vida plena.

Entonces el hijo se sintió también grande y pleno. Se percibió completo y rico y pudo por fin dejar la casa de los padres en paz. A medida que se alejaba, sintió sus pies firmes pisando el suelo con fuerza, su cuerpo también asentado en la tierra y sus ojos mirando hacia un camino claro y un horizonte esperanzador.

Sintió también algo extraño: había perdido la fuerza impetuosa que se nutría del resentimiento, del victimismo o del exceso de conformidad, pero ahora tenía una fuerza simple y tranquila, una fuerza natural.

Recorriendo el camino del resto de su vida, encontró con frecuencia otras personas con las que caminó lado a lado, como acompañantes, durante un trecho, a veces largo, a veces corto, otras, para siempre. Socios, amigos, parejas, vecinos, compañeros, colaboradores, incluso adversarios.

En general, su camino era sereno, gozoso, en sintonía con su espíritu y con su naturaleza personal. Tampoco estuvo exento de los pesares naturales que la vida impone, pero sentía que aquel sí era el camino de su vida.

Un día se acercó a la persona de la que se había enamorado pensando que tenía las monedas y le dijo:

-Durante mucho tiempo he tenido un problema de visión y ahora que veo claro te digo: Lo siento, fue demasiado lo que esperé. Fueron demasiadas mis expectativas, y sé que esto fue una carga demasiado grande para ti y ahora lo asumo. Me doy cuenta y te libero. Así, el amor que nos tuvimos puede seguir fluyendo. Gracias. Ahora tengo mis propias monedas.

Otro día fue a su hijo y le dijo:

-Puedes tomar todas las monedas de mí, porque yo soy una persona rica y completa. Ahora ya he tomado las mías de mis padres.

Entonces el hijo se tranquilizó y se hizo pequeño respecto a él. Y se sintió libre para seguir su propio camino y tomar sus propias monedas.

Al final de su largo camino, un día la persona se detuvo a repasar la vida vivida, lo amado y lo sufrido, lo construido y lo maltrecho. A todo y a todos logró darles un buen lugar en su alma. Los acogió con dulzura y pensó:

-Todo tiene su momento en el vivir: el momento de llegar, el momento de permanecer y el momento de partir. Una mitad de la vida es para subir la montaña y gritar a los cuatro vientos: “¡Existo!”. Y la otra mitad es para el descenso hacia la luminosa nada, donde todo es desprenderse, alegrarse y celebrar. La vida tiene sus asuntos y sus ritmos sin dejar de ser el sueño que soñamos.

Si quieres profundizar más sobre el mensaje, enseñanzas y moraleja que el relato nos deja, puedes encontrar un breve ensayo del autor al final del cuento. Accede a libro pinchando aquí:

Si te gustó te recomiendo leer este cuento cada cierto tiempo y las veces que quieras. Cada vez que lo leas podría ser que lo entiendas de forma distinta y entregarte un nuevo mensaje o aprendizaje para tu vida

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ESTO TAMBIÉN PASARÁ

El anillo del rey

Una vez un rey de un país no muy lejano reunió a los sabios de su corte y les dijo:

“He mandado hacer un precioso anillo con un diamante, con uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero guardar oculto dentro del anillo, algunas palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi anillo”.

Todos aquellos que escucharon los deseos del rey, eran grandes sabios y eruditos que podían haber escrito grandes tratados, pero pensar un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un anillo parecía algo muy difícil. Igualmente pensaron y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas sin encontrar nada que se ajustara a los deseos del poderoso rey.

El rey tenía muy próximo a él un sirviente muy querido. Este hombre, que había sido también sirviente de su padre, y había cuidado de él cuando su madre había muerto, era tratado como la familia y gozaba del respeto de todos.

El rey, por esos motivos, también lo consultó y éste le dijo:

“No soy un sabio ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje”

“¿Cómo lo sabes?” Preguntó el rey.

“Durante mi larga vida en Palacio me he encontrado con todo tipo de gente, y en una oportunidad me encontré con un maestro. Era un invitado de tu padre, y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó, yo lo acompañe hasta la puerta para despedirlo y como gesto de agradecimiento me dio este mensaje”.

En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado mensaje, lo dobló y se lo entregó al rey.

Pero no lo leas”, dijo. “Mantenlo guardado en el anillo y ábrelo sólo cuando no encuentres salida en una situación”.

Ese momento no tardó en llegar, el país fue invadido y su reino se vio amenazado.

Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y sus perseguidores eran numerosos. En un momento llegó a un lugar donde el camino se acababa, y frente a él había un precipicio y un profundo valle.

Caer por él sería fatal. No podía volver atrás, porque el enemigo le cerraba el camino. Podía escuchar el trote de los caballos, las voces, la proximidad del enemigo.

Fue entonces cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento y que simplemente decía “Esto también pasará”.

En ese momento fue consciente de un gran silencio. Los enemigos que lo perseguían debían haberse perdido en el bosque o equivocado de camino. Ya no se sentía el trotar de los caballos y lo rodeaba un inmenso silencio.

El rey se sintió profundamente agradecido al sirviente y al maestro desconocido. Esas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a guardarlo en el anillo, reunió nuevamente a su ejército y reconquistó su reinado.

El día de la victoria en la ciudad hubo una gran celebración con música y baile y el rey se sentía muy orgulloso de sí mismo.

En ese momento, nuevamente el anciano estaba a su lado y le dijo:

“Apreciado rey, ha llegado el momento de que leas nuevamente el mensaje del anillo”

“¿Qué quieres decir?”, preguntó el rey. “Ahora estoy viviendo una situación de euforia y alegría, las personas celebran mi retorno, hemos vencido al enemigo”.

Escucha”, dijo el anciano. “Este mensaje no es solamente para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando te sientes derrotado, también lo es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último, sino también para cuando eres el primero”.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje… “Esto también pasará”

Y nuevamente sintió la misma paz y silencio en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba. Pero el orgullo, el ego había desaparecido.

El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo malo era tan transitorio como lo bueno.

Entonces el anciano le dijo:

“Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche; hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.”

Autor anónimo.

Lo único permanente es el cambio

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