Mi camino en la terapia menstrual

COMENZANDO A MENSTRUAR

Para ser sincera no tengo muchos recuerdos sobre qué me enseñaron o cómo fue específicamente ese momento, pero nunca me olvidé de un día en que estaba en la casa de una amiga y ella, a modo de broma, comenzó a gritar hacía la calle alguna frase aludiendo a que yo estaba menstruando. Yo muerta de vergüenza y enojada, pensando que los amigos del barrio pudieran escuchar.

Recuerdo también que con mis compañeras del colegio, en una ingenua competencia, comentábamos sobre a quién le había llegado antes; para mi con el tiempo se convirtió en signo, de que a mis 11 años y con 1.52 cm, no crecí más.

ODIANDO MENSTRUAR

Menstruar comenzó a ser un problema con los fuertes dolores de útero, los evidentes (y terribles) cambios de humor y el incómodo uso de toallas higiénicas.

Menstruar para mi era algo totalmente desagradable y que impedía desenvolverme de forma normal.

CAMBIANDO LA FORMA DE PENSAR

Con el tiempo comencé a usar tampón y más tarde conocí la copita menstrual, la que cambió, en gran parte, mi forma de vivir los ciclos. Me parecía increíble que podía olvidarme de estar menstruando; podía salir, andar en bicicleta, ir de fiesta, a la playa o dormir sintiéndome absolutamente cómoda. Además tomaba pastillas anticonceptivas, las que anularon mis dolores por mucho tiempo.

Más tarde decidí dejar las pastillas para mantener mi cuerpo limpio de hormonas artificiales, pero los dolores volvieron y los remedios que antes me aliviaban, ya no hacían efecto, provocando dolores cada vez más limitantes.

EL CLICK QUE NECESITABA

En una conversación con mi hermano sobre mi dolor y entre bromas, una frase me hizo CLICK:

“¿por qué no te sacas el útero?”

Esa simple pregunta me ayudó a hacer conciencia de que NO ESTABA ESCUCHANDO MI CUERPO y que, ni de broma pensaría en sacar parte de él.

Ante esa reflexión decidí hacer biodanza, con Marcela Figueroa, quien era mi terapeuta hace un tiempo, y que me había insinuado mucho tiempo atrás que me haría bien, pero a mi no me había hecho sentido hasta ese día, que sentía necesario conectar más con mi cuerpo.

Para mi sorpresa, Marcela lo abordaba desde los ciclos de la luna y las fases del ciclo mentrual, que era lo que estaba comenzando a integrar en mi vida.

Previo a biodanza, en mi proceso terapéutico me encontraba trabajando y reconociendo la energía femenina y masculina en mi. Leyendo y averiguando sobre el tema llegué al mandala lunar, ejercicio que se realiza mes a mes para comprender y ser conscientes de la cicilicidad física, emocional, mental y espiritual a través del ciclo menstrual y la influencia que recibimos de la energía lunar.

Me encantaba escribir cada día como me sentía, una práctica que de diferentes formas he realizado desde niña, además lo cruzaba con mi observación sobre las flores de Bach que tomaba y como ellas iban influyendo en mis estados emocionales y mentales.

MI SANGRE SE NEGABA A BAJAR

Al finalizar ese año, 2018, ya a un año aproximadamente de observar y vivenciar el ciclo, decidí dejar mi vida en Santiago, para irme a viajar por Brasil, motivada por mis sueños personales y proyectos de observación terapéutica.

Comencé en Río de Janeiro, luego Salvador, hasta que decidí irme a una comunidad en las afueras de la ciudad de Itacaré.

Compartía mis días con alrededor de 25 personas, en un lugar maravilloso, rodeado de vegetación, un río, una cascada y una gran tranquilidad.

Naturalmente se dio un círculo de mujeres con las que compartíamos nuestras experiencias de vida y nuestro aprendizaje y conocimientos sobre el ciclo menstrual.

Entre esas conversaciones, una de ellas nos cuenta que en todos sus ciclos devolvía la sangre menstrual a la Tierra, comentándonos que era algo mágico y finalizó compartiendo con nosotras la siguiente frase:

“La guerra va a acabar cuando todas las mujeres planten su luna, porque ella necesita sangre, y no importa de dónde ella venga”.

Me sentía decidida y feliz porque iba a ofrendar por primera vez mi sangre a la Tierra, en un entorno natural y una energía única, pero mi ciclo se detuvo sin explicación.

Me fui de la comunidad motivada por la idea de celebrar carnaval en la ciudad. Al segundo día fui asaltada, me quedé con poco dinero, sin tarjetas y a los pocos días quedaría sin alojamiento. Y ahí estaba yo, complicada, pensando si volvía a Chile o me las ingeniaba.

Conseguí alojamiento en una casa y un entorno aún más rústico del que había estado los días anteriores, me la pasaba en una hamaca escuchando mantras y música chamánica, también había un río, y la paz y tranquilidad abundaban en ese lugar.

Tenía la esperanza que mi ciclo volviera y poder poner mi sangre en ese lindo lugar, pero tampoco sucedió. A las semanas, y gracias a la generosidad y ayuda de esas personas que SIEMPRE aparecen en momentos complejos, conseguí alojamiento a cambio de trabajo en un hostal, lo que me permitiría seguir en Brasil por un tiempo más.

Fue entonces que reflexioné sobre lo que estaba pasando, y me di cuenta que mi cuerpo no estaba bien y que lo único que me pedía era PARAR, que ir y venir, sin darme cuenta, estaba estresando mi cuerpo y me lo hacía notar a través del ciclo, justo ahora que tenía una visión positiva de él y, que como nunca antes, añoraba menstruar.

Inmediatamente después de esa reflexión volví a menstruar. Aunque no pude ponerlo en la Tierra como quería, había logrado una comprensión distinta y aún más consciente sobre mi ciclo y las señales que el cuerpo SIEMPRE nos da, pero que muchas veces nos cuesta interpretar.

A partir de ese momento y en el lugar que se había convertido en mi parada “temporalmente” definitiva, comenzaron a surgir cosas y experiencias maravillosas, entre ellas, “Sou Eu, Terapia Floral”.

Comencé además a registrar y estudiar de forma detallada cada una de las fases del ciclo y como ellas influían en mis pensamientos, emociones, reacciones, desiciones y comportamientos, pasando a convertirse en una guía para mi vida en general, y que hoy enseño y comparto de forma profesional.

SANANDO ATRAVÉS DEL CUERPO

Al final de cuentas, con mi experiencia sólo estaba confirmando con hechos concretos lo que tanto enseño a los demás: el síntoma o enfermedad es el reflejo de nosotros mismos y de nuestra historia, y su misión es guíarnos y enseñarnos sobre lo que debemos sanar, y lo que vinimos a esta vida a aprender y desarrollar.

A través del mandala lunar pude comprender la ciclicidad de mis emociones y pensamientos y logré incluso, una mayor conexión con lo espiritual, lo que para mi era algo imposible años atrás, por mi personalidad rápida, concreta, práctica y racional.

Hoy soy capaz de entender que el dolor menstrual que tanto me limitaba era producto de la lucha con mi cuerpo y por mantener mi acelerado ritmo a como diera lugar.

Me costaba mucho sintonizar con mi energía femenina y mi naturaleza completa de mujer, había caído en los vicios de una sociedad que nos prefiere productivas, enérgicas, trabajólicas y que reprimen la tristeza o el mal humor, en vez de comprender, sintonizar y aceptar los ciclos naturales de la vida.

Me había desconectado de sentir, descansar y disfrutar REALMENTE porque de esa forma también me desconectaba de mis penas y traumas que antes no sabía enfrentar.

Aprendí a integrar la luz y la sombra, y a empoderarme de ella para usarla a mi favor.

Pase de odiar a AMAR mi menstruación.

✨Hoy me adecuo YO a mi cuerpo y a las distintas fases del mes, porque comprendí que era una forma natural de renovación, y que finalmente torna nuestra vida más productiva, equilibrada y plena, un proceso que nos invita a nutrir tanto nuestro mundo interior como exterior, y a conectar con quienes somos en esencia, con nuestros dones innatos y con nuestro propósito de vida✨

Actualmente practico el método sintotermico aprendido con Elena Sofía Sambrano, una forma natural de manejar nuestra fertilidad y anticoncepción, además de poder reconocer de forma temprana cualquier desequilibrio en nuestra salud a través de la observación de los cambios que experimenta nuestro cuerpo durante el ciclo menstrual.

Para agendar una hora pincha AQUÍ