¿TE HAS PREGUNTADO ALGUNA VEZ QUÉ ES UNA CRISIS DE PÁNICO?

¿Te has preguntado alguna vez que es una crisis de pánico?

La verdad es que yo nunca me lo pregunté…

Hace algunos años luego de terminar una larga relación, recuerdo haber sentido una leve sensación entre soledad y desprotección.

Me di cuenta de ésto y rápidamente comencé a hacer planes para retomar mi nueva vida. Me atreví por primera vez a hacer un pequeño viaje en solitario que luego me dió la valentía para ir a la fiesta de La Tirana, uno de mis tantos sueños que siempre quedaba para después.

Tras esos (PARA MÍ) grandes logros, decidí ir al carnaval en Brasil, otro de mis mayores sueños🥳

En carnaval la fiesta no hay día que pare, pero un día yo estaba cansada y por más que me invitaron, no quise salir, quedándome sola, pero SOLA SOLA en el hostal.

Nunca tuve problemas con la soledad, pero ese día y sin previo aviso un miedo, angustia y ganas de llorar no me dejaban ni ir a comprar😭

Ya en Chile volví a sentir un miedo extraño que recorría mi cuerpo, a veces en mi propia casa, la calle o supermercado.

Por otro lado nunca me gustó exponer en público y por cosas de la vida siempre lo he tenido que hacer. En ese entonces trabajaba en una empresa en la que tenía que exponer regularmente y para un gran grupo de personas, y como a muchos les pasa me ponía nerviosa, pero me empecé a dar cuenta que eso ahora se sentía diferente, la boca se me secaba y mi cuerpo tiritaba😰

Me apoyaba como para cualquier cosa que me pasara, en mi terapeuta floral, para mi una instancia sagrada que me ayudaba a crecer y caminar hacia mis sueños.

Me considero una persona miedosa y a la vez fuerte y siempre intento lograr lo que quiero, así que después de planearlo un tiempo y a pesar de mis miedos, tomé una mochila y me fui a recorrer Brasil sin tiempo definido🌴

Una de las peores crisis la experimenté viajando, pero SINCERAMENTE fue lo que me ayudó a entender que cada vez que venían me mostraban que algo debía superar y que esos miedos sólo eran el propio MIEDO AL MIEDO, creaciones de mi mente que limitaban mostrar mi verdadera personalidad, el miedo a decir lo que pensaba, a poner límites, a mostrar mi vulnerabilidad, a equivocarme y muchas cosas más…

Estas crisis me enseñaron que la verdadera fortaleza no está en pretender que siempre puedo, sino en simplemente ser quien soy aceptando también mi debilidad, liberarme de mis propios condicionamientos y experimentar así verdadera felicidad.

Y lo más lindo de todo este proceso, es que a partir de mi propia experiencia he podido apoyar y acompañar a otras personas a manejar y comprender estas extrañas sensaciones que provocan las, tan temidas y más comunes de lo que pensamos, CRISIS DE PÁNICO.

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LA IMPORTANCIA DE CONOCER Y GESTIONAR NUESTRAS EMOCIONES

Con el paso de los años, lamentablemente, se ha vuelto cada vez más normal relacionarnos con palabras como estrés, depresión, angustia, crisis de pánico y ansiedad.

El acelerado mundo, el enfoque exitista y el desarrollo tecnológico han fomentado el desequilibrio mental y emocional de la población.

Sin embargo, de la misma forma que crece el descontento, es también cada vez más común en nuestro vocabulario palabras como mindfulness, yoga, meditación, couching, terapia y psicología, cosa que antiguamente parecia ser sólo para “locos”.

A terapia no va quien tiene problemas, problemas tienen todos. A terapia va quien quiere resolverlos.

Se hace evidente una población que sobre reacciona ante la impotencia o frustración, o que se enferma por no saber comunicar o resolver sus problemas de forma adecuada. Altos niveles de irritabilidad, cambios de humor, dolores de cabeza, insomnio, estrés y depresión provenientes principalmente, de los conflictos que no sabemos manejar en las relaciones interpersonales así como en el ámbito laboral.

LA FUNCIÓN DE LAS EMOCIONES

Nuestra vida y desiciones se basan en la infinidad de sensaciones o sentimientos que experimentamos a diario, las que van guiando nuestro actuar en cada momento.

Catalogamos las emociones como buenas o malas, y tendemos a reprimir, callar o luchar con aquellas que nos parecen inadecuadas, logrando finalmente el efecto contrario; que esa emocion tome aún mayor protagonismo, y probablemente termine por enfermarnos en un mediano a largo plazo.

Todo lo que pasa en nuestro interior se ve reflejado en la forma en que reaccionamos ante el mundo: como nos relacionamos con los demás y con lo que nos sucede a nivel personal y profesional. Es por esta misma razón que conocer más de tus emociones es también conocerte a ti misma, comprender por qué en determinadas ocasiones actuamos de una forma que no nos hace sentir bien o que termina por perjudicarnos a nosotras mismas y a quienes nos rodean.

Todas las emociones son buenas en su justa medida y cada una cumple una función importante en nuestro desarrollo personal, ya que ellas nos mantienen alerta ante lo que es bueno o malo para nosotras. 

Reprimir algunas así como expresar en exceso otras terminan haciéndonos mal. Lo que nos hace bien es el equilibrio de ellas y la gestión adecuada, en el momento adecuado y de la forma que nos beneficien y busquen nuestro bienestar y el de los demás.

Existen 4 emociones denominadas como básicas y que todos podríamos reconocer como tal:

Tristeza: nos motiva a pedir ayuda y apoyo de los demás, nos invita a reflexionar y hacer introspección para poder identificar que hay algo que duele o hace falta. Nos lleva a crear un espacio de encuentro con nosotras mismas, permitiéndonos renovar la energía, descubrir nuestro poder de resiliencia y de transformación del dolor en aprendizaje y evolución personal. 

Muchas personas no logran identificar la tristeza en sus vidas, ya que se oculta entre otras emociones o estrategias mentales. Cuando reprimimos o no nos permitimos experimentar la tristeza podría terminar en algún síntoma o enfermedad, así como cuando permanece por mucho tiempo sin poderla sanar podría llevarnos a la apatía, angustia, desinterés o depresión.

Miedo: nos motiva a actuar para evitar consecuencias negativas, nos ayuda a estar alerta para advertirnos de algún peligro, activando un mecanismo de pelear o huir ante una emergencia o situaciones que requieren que vayamos con prudencia.

Cuando el miedo pierde su rol de protección, manifestándose constantemente en nuestras vidas, se convierte en nuestro enemigo, ya que nos impide hacer cosas que deseamos, bloqueando nuestro crecimiento y evolución personal. Cuando el miedo es permanente podría llevarnos a la tristeza, rabia, frustración, impotencia, apatía, pesimismo, tensión, nervios, insomnio, estrés o ansiedad y que podrían terminar enfermándonos.

Rabia: nos motiva a mejorar y modificar lo que no nos permite crecer y desarrollarnos de forma saludable, a luchar contra los errores y las injusticias y a poner limites cuando nos damos cuenta que hay algo que nos está incomodando o no nos hace bien.

La rabia reprimida podría ocasionarnos tensión, dolores de cabeza, problemas estomacales, insomnio y/o estrés. Cuando permanece en el tiempo podría llevarnos a un círculo de pesimismo, frustración, impotencia, desconfianza, resentimiento e incluso terminar en violencia física o psicológica con tu entorno. Recuerda que tras la rabia se podrían esconder miedos, inseguridades, tristeza, carencias, decepción, baja autoestima, intolerancia, impaciencia, entre muchas otras cosas.

Alegría: nos motiva a repetir acontecimientos que nos hacen sentir bien, guiándonos en la búsqueda de más de aquello. 

También existen quienes encubren en una imagen de alegría sus problemas, o buscan constantes estímulos para mantenerse en un estado de aparente felicidad, como forma consciente o inconsciente de evadir emociones como las descritas anteriormente. Evadir, ocultar o reprimir nuestras emociones puede llevarnos a la ansiedad, estrés, dolores de cabeza, tensión, insomnio, adicciones, entre otras cosas.

FLORES DE BACH Y LAS EMOCIONES

La terapia con Flores de Bach trabaja directamente en nuestras emociones, ayudando a tomar conciencia de cuando ellas dejan de cumplir su función, entorpeciendo nuestro sano desarrollo personal.

Existen Flores que trabajan la rabia, los miedos y la tristeza, así como también las que potencian nuestro estado de alegría, trabajando en nuestra autoestima y capacidad de disfrute.

Cuando aceptamos, reconocemos, comprendemos, expresamos y manejamos nuestras emociones de forma adecuada podemos transformarlas en nuestra guía diaria que nos permite buscar el equilibrio y en consecuencia la salud, armonía y felicidad.

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MIEDO, NUESTRO PEOR Y SILENCIOSO ENEMIGO

El miedo es una reacción física y mental ante una situación que interpretamos como peligrosa. El cerebro se paraliza, regresando a la reacción de “pelear o huir”.

Es una emoción de alerta y protección ante situaciones de peligro real, cuando este no lo es, se convierte en algo patológico, y mientras menos lo enfrentamos más crece, pudiendo limitarnos en nuestra vida diaria y bloquearnos al punto de no ser capaces de reaccionar ante una situación de emergencia real.

Existe miedo real cuando su dimensión está en correspondencia con la dimensión de la amenaza. Existe miedo neurótico cuando la intensidad del ataque de miedo no tiene ninguna relación con el peligro. Ambos, miedo real y miedo neurótico, fueron términos definidos por Sigmund Freud en su teoría del miedo. En la actualidad existen dos conceptos diferentes sobre el miedo, que corresponden a las dos grandes teorías psicológicas que tenemos: el conductismo y la psicología profunda. Según el pensamiento conductista el miedo es algo aprendido. En el modelo de la psicología profunda el miedo existente corresponde a un conflicto básico inconsciente y no resuelto, al que hace referencia.

Wikipedia.

Los miedos más comunes son:

  • Miedo a hablar en público
  • Miedo a fenómenos naturales
  • Miedo a la soledad
  • Miedo a la muerte
  • Miedo a ciertos animales
  • Miedo a la oscuridad 
  • Miedo a las alturas
  • Miedo a la autoridad
  • Miedo al cambio
  • Miedo a no tener el control de las cosas
  • Miedo al fracaso
  • Miedo a la pobreza
  • Miedo al desamor
  • Miedo a ser robado
  • Miedo a volar en avión
  • Miedo a lo desconocido
  • Miedo a lo nuevo
  • Miedo a expresar sentimientos
  • Miedo al ridículo
  • Miedo al rechazo
  • Miedo a la crítica 
  • Miedo a ser diferente, a no encajar
  • Etc, etc, etc.

Si observamos esta lista, podemos darnos cuenta que nos pasamos la vida limitados por diversos miedos. Ellos nos impiden tomar riesgos, alejándonos de las oportunidades cuando se nos presentan. Tenemos tanto miedo al fracaso que preferimos no arriesgarnos.

EL MIEDO LIMITA NUESTROS SUEÑOS

Todas, sin excepción, sentimos algún tipo de miedo, y estos, en ciertas etapas de la vida, nos impiden avanzar hacia nuestro desarrollo personal. Nos acomodamos en nuestra zona de confort, aún cuando ella no nos hace felices del todo, es el lugar en que nos sentimos seguras, ya que ante la sola idea de hacer algún cambio los temores aparecen.

En momentos en que nos sentimos estancados resulta vital preguntarnos: ¿qué nos está impidiendo avanzar?, ¿porqué no arriesgarnos por aquello que anhelamos?, ¿porqué nos dejamos influenciar por las opiniones de los demás?, ¿cuándo dejamos de ser protagonistas de nuestras vidas y pasamos a ser meros observadores?…

Con seguridad descubriremos que algún miedo nos está paralizando.

Los miedos pueden ser consecuencia de padres sobre protectores, exigentes, muy permisivos o ausentes, una experiencia traumática, el desamor, la muerte de alguien querido, el abandono o una traición, sólo por mencionar algunas.

COMIENZA A IDENTIFICAR TUS MIEDOS

Superar el miedo es una habilidad que todos podemos aprender y la única forma de superarlo es enfrentándolo.

Cuando huyes, no sólo vas en contra de ellos, sino de ti misma, provocando estrés, ansiedad, enfermedades e insatisfacción ante la vida.

¡Comencemos!

Busca un momento de tranquilidad, donde puedas ser sincera contigo misma y hazte la mayor cantidad de preguntas y respuestas que puedas.

Haz memoria de las veces que te has visto en una situación en que tenías muchas ganas de hacer algo y no fuiste capaz de lograrlo, o de algo que sueñas con hacer, pero te parece imposible o muy difícil de alcanzar.

  • ¿cómo te sentiste o te sientes al respecto?
  • ¿qué te impedía o impide conseguir lo que deseas?
  • ¿qué miedos identificas?
  • ¿Qué piensas que puede pasar si te atreves a intentarlo?
  • ¿Estás escuchando tus deseos o los estás ignorando?
  • ¿A los demás no les parece bien lo que tú sueñas con hacer?
  • ¿Sientes que no logras avanzar en tu vida?
  • ¿Cómo cambiaría tu vida si lo afrontarás?

Intenta recordar tantas situaciones como te sea posible, así podrás identificar un comportamiento repetitivo (patrón) que te ayudará a identificar de dónde provienen tus miedos.

MODIFICANDO LOS PATRONES

Cuando somos pequeñas el miedo nos protege, pero cuando somos adultas si este nos paraliza, angustia o impide avanzar en la vida, es tiempo de superarlos. 

Cuando logramos identificar el origen de nuestros miedos, estamos frente a la posibilidad de confrontarlos, lo que no sólo nos permitirá avanzar en nuestros proyectos y sueños, sino que también nuestra seguridad y autoestima se verán beneficiadas.

Dale la bienvenida al miedo, míralo como una oportunidad de crecimiento y de expandir tus oportunidades. Toma la decisión de cambiar y simplemente confía en ti.

  • No te identifiques con tus temores y convéncete a ti misma de que NO ERES TUS MIEDOS.
  • Date cuenta que los miedos son sólo erróneos patrones mentales, que puedes reemplazarlos con nuevos pensamientos e ideas.
  • La palabra es poderosa, convéncete de tu valentía, seguridad y autoestima.
  • Auto motívate cuantas veces sea necesario.
  • Proponte pequeños desafíos a tu medida, desafíos que podrán ser difíciles, sin embargo podrías cumplir.
  • Los miedos están sólo en tu mente, pensamos que otros perciben lo que nos sucede, cuando la mayoría de las veces sólo nosotras somos quienes percibimos eso. Actúa con seguridad, camina con seguridad, habla con seguridad, da pasos con seguridad.
  • Cada vez que te des cuenta de tus miedos, no te paralices, ellos están sólo en tu mente. Continúa aunque el miedo este presente, si realizas lo que antes te era imposible, lo has logrado, y verás como poco a poco ellos comienzan a desaparecer.
  • Tus miedos se transformarán en confianza y seguridad y ellos ya no dominarán tu vida.
  • Cuando te alejas de lo que te produce el miedo, este se hace cada vez más grande y real, no dejes que te controle y comienza a contrólalo tú a él.

No enfrentar nuestros miedos nos produce ansiedad, insomnio, tristeza, angustia, insatisfacción y en consecuencia infelicidad.

Pregúntate hace cuánto tiempo sueñas con hacer un nuevo proyecto, cambiar de trabajo, de ciudad, terminar una relación que no te hace bien o tal vez ampliar tu red de amigos.

El primer paso para superar nuestros temores es aprender a identificarlos, sólo así podremos comenzar a enfrentarlos y con el tiempo a extirparlos de nuestra vida. No dejes que tus miedos te estanquen y comienza a abrirle la puerta a la realización personal.

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